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los amorosos

largobeso

Los amorosos callan.

El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre "¡qué bueno!" han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.

Jaime Sabines

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Sangre de Luna ( XII )

Enviado por dr_maracame el 09/06/2008 a las 20:52

Una entre mil.

Una. Siempre una mujer es distinguida entre mil.

Una estrella sílfide, no hay forma de salir.

Le busqué siempre, nunca le hallé.

Le busqué en todas partes, en vueltas dispersas en infinitas direcciones,

en las diversiones, en el bacanal.

En sitios que probé para olvidarle, para tenerle

En antros, en salones y cantinas.

Le busqué en otras mujeres. En catafalco de huesos.

En perfiles de talla. En las más amadas siempre,

en las más hermosas, en las más bellas; en las que más se desvanecen.

Le buscaba en tantas lágrimas, le buscaba en tantas penas.

 

¿Qué vale para iluminar con infiernillos la penumbra del encierro?

Luego le vi.

Le vi una vez y con esa vez tuve.

Le volví a ver entonces desde niña, púber y arrogante,

aparecida en sueños de príncipes durmientes,

en amores de viajeros, en ceremonias de enlaces,

en el terso aliento de almohada de un amanecer a su lado,

en amores decrépitos que mueren de amor deseándose cada día.

Le vuelvo a ver.

Le veo en retratos familiares de cumpleaños,

en niñas con trenzas, en moños rosas, azules,

pacientemente delineados por madres y abuelas.

Le vi, vida, acabada de conocerle como ahora,

en una página perdida, en un capítulo en la historia.

Una mujer distinguida entre mil.

 

Luego un hombre de orgullo y vanidad encuentra sorprendida,

aunque nada significa ante la fuerza de la tierra que es usted,

nadie mujer puede vencerle en lo que vale, lo que depara su presencia.

Los hombres por eso pelean.

Peleamos para conquistar la tierra; inventamos grandes artilugios,

estrategias con ofensas o detalles de deseo; luego le tenemos, luego ya no me interesa...

Cuando son madres de nosotros encuentran, nos encuentran a nosotros.

Nosotros no encontramos nada, no queda otra que buscar perdidos intentando encontrarlas.

Resueltos a un fracaso. Confundidos. Como locos en sus mocedades.

Sólo quiero encontrarme en usted,

para pensar que no estoy muerto o no morí, o por lo menos que he vivido.

Etiquetas:

impactantemente bello

Enviado por el 10/06/2008 a las 8:40
cecilia

tremenda poesía.... 

qué deleite de lectura

mil Gracias

C







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